Conversacion con… Fernando Rodríguez Lafuente

El filólogo Fernando Rodríguez Lafuente vino a Tánger para desmenuzar el imaginario español y sus tópicos y, de paso, exponerlo “ante la mirada del otro”, para que “cada cual”, dijo, “saque sus propias conclusiones”. Esta segunda conferencia en el Foro Observatorio Tánger Tarifa (FOTT) es un paso más en ese intento por encontrar un espacio común de diálogo y comunicación entre ambas orillas del Estrecho. Con una exposición atrevida —La nación en el espejo del tiempo, tituló Rodríguez Lafuente su conferencia—, el que fuera director general del Libro y del Instituto Cervantes, convocó a los concurrentes a desprenderse de tópico, si es que se quiere abordar con garantías el futuro. En esta en entrevista el profesor Rodríguez Lafuente defiende lo imprescindible que es dar con las personas adecuadas para consolidar el diálogo y fortalecer los proyectos comunes; y al mismo tiempo aboga por una presencia activa de los medios de comunicación.

La cita es en Tánger. El filólogo Fernando Rodríguez Lafuente (Madrid, 1955) llegó a la ciudad del Estrecho para impartir la segunda de las conferencias programadas por el Foro Observatorio Tánger Tarifa (FOTT). El propósito, conocido de sobra, es aunar voluntades y acercar un poco más a marroquíes y españoles, en definitiva.

“Profesor y viajero impenitente”, según se confiesa, el que fuera director General del Libro entre 1996 y 1999 y máximo responsable del Instituto Cervantes en los dos años siguientes, propuso aquí, en la sala de conferencias del Cervantes tangerino, en la calle de Bélgica, una reflexión atrevida a cerca del imaginario español y de ese corolario de tópicos que jalonan la vieja historia de España. Y baste como muestra, comentó, que entre la media docena de mitos que podría destacarse del recopilatorio de tópicos acuñados sobre los españoles están, “no hay más que citar”, dijo, “La Celestina (una prostituta alcahueta), El Lazarillo de Tormes (un sinvergüenza), Don Quijote de la Mancha (un loco) y El Tenorio (un don Juan vividor y pendenciero)”. “Y digo esto”, añadió, “para que cada cual se aplique este cuento a sí mismo, y se lo aplique, insisto, también a su propio país”.

Rodríguez Lafuente vino a decir, que, para hablar de futuro, cada cual debe reconocer previamente, no ya el presente, sino su pasado, y empezar por aceptarlo. “Y en ningún caso utilizar ese pasado (casi siempre imaginado y cargado de tópicos) como arma arrojadiza contra el otro, porque, en cada época, las circunstancias son diferentes y nada tiene que ver lo que ocurrió antaño con la realidad del momento, ni lo que se vive hoy con lo que ocurrió hace cien, doscientos o trescientos años”, precisó.

El que fuera también profesor en Pekín a mediados de los años ochenta, más tarde en Buenos Aires y en EE UU, y hoy en la Universidad Complutense de Madrid y en la Fundación José Ortega y Gasset, afirma que “la educación es la clave de todo. La llave que abre las puertas para corregir las desigualdades y los desencuentros en el futuro”. Luego sugiere que para entenderse hay que viajar... “Eso ayuda a descubrir la mirada del otro”, comenta.

- Viajar, dice usted... Pues... al menos en su caso, viajar no sólo ha sido un referente importante en su vida, parece. Podría llegar a pensarse, incluso, que usted ha vivido más intensamente y mejor porque ha viajado, ¿no?
Pues sí; en cierto modo, sí. De hecho, si pudiera mañana me iría otra vez... Viajar te da la posibilidad de tomar conciencia sobre el otro; de interiorizar lo que representa. Porque quienes viajamos sabemos que el rechazo a los otros es lo primero que surge, es instantáneo, casi visceral (rechazo a cómo visten, a cómo comen; rechazo, en general, a sus costumbres y comportamientos). Pero luego, el verdadero viajero aprende a mirar; mientras tanto, se esfuerza para entender lo que ocurre a su alrededor. Y empieza a pensar que el mundo no es uniforme, y que tan válidas son tus costumbres, normas y hábitos, como las de los demás. Pero al principio el rechazo casi siempre es brutal ¿Por qué a los otros le gusta el té con menta, por ejemplo, si a mi me desagrada? Luego uno entiende, repito, que ellos están acostumbrados a esos sabores; que su paladar es distinto, y que lo mío y lo suyo, lo de cada cual, ni es mejor ni peor que lo del otro. Simplemente somos distintos... Viajando se aprende a respetar a los otros.

- ¿Viajar, entonces, es clave para aprender a vivir en este mundo complejo y cambiante? ¿Fundamental para entenderse?
Descubrí muy pronto lo acertado del prólogo que hace Cervantes para su Persiles y Segismundo, cuando dice “viajar hace a los hombres discretos”. Y me parece un buen argumento, una buena razón para viajar. Además, que es verdad. Discreción, entiendo, en el sentido de mostrarse prudente, con libertad de miras y de pensamiento, pero sin atreverse a imponer nada porque el verdadero viajero entiende que los otros tienen sus propios criterios y experiencias. Así que nada de ser categóricos ni dogmáticos cuando se viaja... Viajar está muy bien porque uno puede ver otros paisajes y paisanajes. Pero lo verdaderamente importante de viajar es hacerlo para vivir en otro lugar... Que es como se vive la cotidianeidad de verdad, cómo se “huele” el ambiente.

- ¿Y todo esto que tiene que ver con el FOTT, con su visita a Tánger, si me permite la pregunta?
Pues que para derribar las fronteras, para acercarnos unos a otros con más convicción hace falta que viajemos más. Es importante conocerse in situ y superar esos tópicos que tanto confunden a los que vivimos a uno y otro lado del estrecho de Gibraltar. Fíjese... Cuando pensábamos que había caído el último muro, el de Berlín, resulta que han empezado a surgir nuevos muros por todas partes. Pues bien, viajar puede ayudarnos, si no a derribar esos muros, si a intentar evitarlos al menos.

- Volviendo al FOTT, ¿que propone usted con su conferencia La nación en el espejo del tiempo?
Conocerse mejor, desde luego. Ahora bien, para establecer vías comunes de diálogo ha de pasarse, primero, de forma ineludible, por tener la voluntad de entenderse. Así que, de entrada hay que preguntarse si esa voluntad de entenderse es real y sincera por ambas partes. Y no sólo esto, también deberían quedar al margen el pasado, los tópicos, los agravios... Todo con el fin de incrementar los contactos.

- Bueno, del deseo de incrementar los contactos al menos, no hay duda.
Es que es muy importante que esa voluntad sea real; porque, a veces, se establecen contactos, no para avanzar, sino par reprocharse agravios, para manifestarse las quejas, y eso, qué quiere que le diga, a mí me parece que debería dejarse de lado para quienes estudian la historia, para los antropólogos. Pienso que tirar del pasado, en un diálogo, no va a ayudar mucho a construir un futuro. Porque todos sabemos que no hay país al que, en uno u otro momento, se le ha perdonado la vida... o él mismo la haya perdonado... Cada cual, a su nivel, busca justificarse en la historia, justificar sus decisiones... Así que es de desear que para empezar a entenderse partamos de la realidad y el presente. Del pasado, como digo, que se ocupen los investigadores. Uno se tiene que sentar para hablar del futuro, no para recriminarse el pasado. El pasado, insisto, se estudia, se interpreta, se analiza... se recuerda. Pero el pasado no crea la vida; la vida la crean el presente y el futuro. Por lo tanto, cualquier acción de este tipo, más que para solventar cuestiones pasadas que la Historia (con mayúsculas) ya se encargará de solventar... deberá servir para tender puentes al futuro...

- Aceptemos que la voluntad de dialogar entre España y Marruecos existe, y que también se tiene la firme decisión de incrementar los contactos, ¿qué más hace falta para avanzar?
—Sin duda, encontrar los interlocutores adecuados. Esta es la clave. Los interlocutores son muy, muy importantes. Porque sólo ellos pueden impulsar o paralizar, anular o incrementar las relaciones. Los interlocutores son los puentes que manejan la información y pueden hacerla fluir o secuestrarla... Y ya se sabe que, hoy, de aquello que no se habla en los medios de comunicación no existe. Por eso lo complicado de verdad es encontrar esos “puentes”; esas personas que no pongan reparos al avance, que sepan lo que realmente se quiere y que tengan recursos y medios para impulsar esa acción.

-En principio, no debería ser tan difícil encontrar a esas personas; esos puentes como usted las llama.
—¡Pues lo es! Lo es porque con frecuencia estas personas tienen poder suficiente para ocultar o manipular a su favor lo que se está haciendo o se propone. “Yo soy el que más sabe de esto o lo otro...” “Yo, el que puede hacer y decidir lo que conviene...”, suelen decir. Con lo que la pluralidad de pensamiento (algo que es imprescindible) y de acción desaparece. Y en el momento que se monopolizan las cosas el proyecto se agota.

- Suponiendo que el marco para establecer un diálogo existiese, aun así, ¿es posible sentarse a dialogar en un espacio neutral, sin prejuicios?
No sé si es posible, pero sería lo deseable y, hoy, creo que es inevitable... De lo contrario los acontecimientos actuarán por nosotros. Como países vecinos, estamos condenados a entendernos si queremos que las cosas vayan mejor. Como se suele decir en periodismo, o haces la noticia o te la hacen; así que podría decirse que o nos entendemos libremente o los acontecimientos que vengan nos obligarán a hacer tal vez cosas que nadie desea. Debemos confiar en que quienes están al frente de nuestros respectivos países sepan estar a la altura de las circunstancias.

- Volviendo al sentido del FOTT, si se tienen todos los elementos necesarios para un buen proyecto, incluidos esos puentes de los que usted habla —los puentes adecuados se entiende—, ¿qué más hace falta para consolidar una relación entre iguales y que, además, permanezca? ¿El uso de instrumentos como la lengua? ¿Unos medios de comunicación favorables?
La lengua, indudablemente, sí es un buen instrumento. Pero, sobre todo, es con los medios de comunicación con los que hay que contar. Hoy, para bien o para mal, lo que no aparece en los medios no existe; no hay más realidad que la realidad de los medios. Esto supone una enorme responsabilidad pues se mezclan aquí dos cuestiones de suma importancia y que muchos se niegan aún a aceptar: por un lado, los propios medios “crean”, en cierto modo, la realidad. “Lo que está pasando, lo estas viendo”, afirma el eslogan de CNN+. Es decir, que si no lo ves, quiere decir que, de alguna manera, no pasa. Pero al mismo tiempo, las empresas de comunicación tienen sus intereses... Los dos componentes mezclados son tan complejos (tarea de informar e interés empresarial) que hace que el debate sobre los medios de comunicación sea el gran debate de hoy... El papel de los medios es decisivo; sin duda. Desde que uno se levanta por la mañana oyendo la radio hasta que se acuesta con la última serie de televisión... todo es instantáneo. No existe realidad fuera de los medios, podría decirse. Para este tipo de acciones, como es el proyecto del FOTT, es muy importante contar con unos medios de comunicación a favor.

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